sábado, 24 de mayo de 2014

¡Hay que ver! ¡Qué sábanas tan sucias cuelga la vecina en el tendedero…! -Le comentó una mujer a su marido.
Y añadió:
- Quizás necesita un jabón nuevo… ¡¡Ojalá pudiera ayudarla a lavar las sábanas!!
El marido la miró sin decir palabra alguna. Cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso al mirar a través de la ventana y ver cómo la vecina tendía su ropa recién lavada.
Al mes, la mujer se sorprendió al ver a la vecina tendiendo las sábanas blancas, como nuevas, y dijo al marido:
- ¡Mira, por fin ha aprendido a lavar la ropa! ¿Le enseñaría otra vecina?
El marido le respondió:
- No, hoy me levanté más temprano y limpié los cristales de nuestra ventana…
Todo depende del cristal con que se mire.

viernes, 23 de mayo de 2014

QUIEN ACEPTA, CELEBRA
Por Sergio Sinay
"Si pretendes justificar tus errores, significa que aún no los has aceptado." Justificar/argumentar: encontrar el porqué, las razones, los motivos por los que llegué a cometer un error para no volver a repetirlo: ¿es eso no aceptar?, ¿acaso no es reconocerlo, darle cierta importancia, para ocuparse de no actuar de manera necia? Si el reconocimiento y la aceptación son "etapas" diferentes, ¿de qué hablamos cuando decimos "aceptar"?
María Belén G.
Ante situaciones significativas o decisivas de la vida suele aparecer ante nosotros la pregunta: ¿por qué? Necesitamos saber por qué sucedió, por qué lo hicimos, por qué nos lo hicieron, por qué no fue de otro modo, por qué actuamos de tal manera o lo hicieron con nosotros. Acaso un porqué, sugiere nuestra amiga María Belén, nos permita entender y no repetir. Y entonces, quizás, aceptar.
¿Y qué es, por fin, aceptar? A menudo confundimos esta palabra con tolerar. Y con frecuencia solemos emparentarla con resignación. Pero ni quien tolera ni quien se resigna aceptan. Tampoco quien justifica (a veces la negación suele vestirse de justificación). La tolerancia da al tolerante un cierto distanciamiento, una cierta superioridad: él demuestra estar por sobre la imperfección de los otros o de las cosas, tolerándolas, sin dejar de hacer notar que lo hace o sin dejar de estar disconforme. Eso lo coloca un escalón más arriba que el o lo tolerado. En la resignación tampoco hay aceptación, sino desconsuelo ante la imposibilidad de entender o de transformar. Y deja como resaca una cierta melancolía. En este caso, el escalón está por debajo. La aceptación, en cambio, supone equidad. En la más sencilla de sus acepciones, el diccionario de nuestra lengua dice que aceptar es dar por bueno. En la aceptación hay recepción sin cuestionamiento, hay empatía y comprensión, hay compasión. Quien acepta recibe, toma, y al hacerlo celebra. Así sea que lo aceptado trate del otro, de un hecho, de la naturaleza o de uno mismo.
Aceptamos sin condiciones; no lo hacemos a cambio de que, gracias a esta actitud, se nos aseguren ciertas devoluciones o contraprestaciones. Casi siempre, aquello que aceptamos es algo que no depende de nosotros, es algo que encontramos consumado. Vista así, la aceptación encierra una enorme dosis de humildad. Lo que sí depende de nuestra voluntad es aceptar. Somos responsables de ello. Es un acto consciente e intencional que, a menudo, es producto de arduos procesos de aprendizaje, de experiencias a veces dolorosas, ya que difícilmente la conciencia se expanda y profundice sin una cuota de dolor.
El escritor estadounidense Richard Ford ha completado recientemente una saga que bien puede leerse como la descripción del profundo y comprometido viaje de un individuo hacia la aceptación. Se trata de tres novelas - El periodista deportivo, El día de la independencia y Acción de gracias - que narran algo más de veinte años en la vida de Frank Bascombe, su protagonista, que en ese lapso atraviesa diversas situaciones existenciales (separación, mudanzas, cambio de profesión, desencuentros con sus hijos, pérdidas, reencuentros, equivocaciones, reparaciones, cáncer) en las que es imposible que el lector no se vea reflejado más de una vez. Ford escribe con un estilo depurado, pausado, de palabras precisas y hermosas, con una admirable captación de los entresijos del alma humana. En la madurez de su vida, Bascombe, el personaje, ha comprendido algo: "Es únicamente a escala humana, con el ancho mundo extendido a tus pies, donde el siguiente nivel de la vida ofrece sus ventajas y recompensas. Y sólo si se lo permites. (...) Con la aceptación de lo que son las cosas, con sentido práctico y en tiempo real, puede alcanzarse un nivel de espiritualidad tan alto como el que puede conseguirse por otros medios".
Por todo esto, quizá más importante que preguntarnos por qué resulte preguntar para qué hacemos o nos ocurre o sucede aquello que nos afecta. Para aprender qué, para atravesar qué, para aceptar qué. Preguntar por qué nos remite una y otra vez a lo pasado. Preguntar para qué nos invita a explorar lo que viene. La aceptación tiene que ver con esto. Acaso por ello el filósofo André Comte-Sponville la considera el contenido principal de la sabiduría. Cada acto de aceptación nos liga a lo más esencial y misterioso de la vida. Nos aliviana el equipaje y nos habilita a continuar el viaje.

sábado, 17 de mayo de 2014

Empieza a escribir la Historia de tu Vida

..."Empieza a escribir la historia de tu vida como siempre la deseaste, pide todo de manera en grande, sueña y despierta pensando que ya ocurre... Veras como todo se va cumpliendo, veras que nada es imposible, el universo y tu son uno y juntos lograran hacerlo todo realidad"...

Todo lo que está llegando a tu vida, tu lo estás atrayendo hacia ti por virtud de las imágenes que mantienes en tu mente. Es lo que estás pensando. Cualquier cosa que esté en tu mente la estás atrayendo hacia ti.

"Lo semejante atrae a lo semejante". Para mi la forma mas sencilla de contemplar la ley de la atracción es penar que soy un imán, porque se que un imán atrae las cosas hacia el.

¡Eres el imán mas poderoso del Universo¡ Tienes un poder magnético en tu interior que es mas fuerte que ninguna otra cosa de este mundo y este poder magnético insondable se emite a través de tus pensamientos.

La ley de la atracción dice que lo semejante atrae a lo semejante, y así cuando tienes un pensamiento, también estas atrayendo pensamientos semejantes. Aquí tienes algunos ejemplos mas de la ley de la atracción que puede que hayas experimentado en tu vida:
¿has empezado a pensar alguna vez en algo que te disgustara y cuanto mas pensabas en ello peor te parecía? Esto es porque cuando mantienes un pensamiento la ley de la atracción inmediatamente atrae a mas pensamientos semejantes. En cuestión de minutos generas tantos pensamientos semejantes de infelicidad, que la situación parece empeorar. Cuanto mas piensas en ello, peor te sientes.

Puede que hayas experimentado lo que es atraer pensamientos semejantes al escuchar una canción y luego no podrás sacártela de la mente. La canción seguía sonando en tu cabeza. Cuando la escuchabas, aunque no te dieras cuenta, le estabas prestando toda tu atención y enfocándote en ella. Al hacerlo, estabas atrayendo con fuerza mas pensamientos semejantes a los de esa canción y la ley de la atracción empezó a actuar aportando incesantemente pensamientos afines.

Ahora tu vida es un reflejo de tus pensamientos anteriores. Eso incluye todas las cosas buenas y todas las que no lo son. Puesto que atraes lo que mas piensas, es fácil comprobar que pensamientos han dominado tu mente en todos los aspectos de tu vida, porque eso es lo que has experimentado. ¡Hasta ahora¡ Ahora estas aprendiendo y con este conocimiento puedes cambiarlo todo.

Cuando sabes lo que quieres y lo conviertes en tu principal pensamiento, lo atraes a tu vida.
Mediante esta poderosa ley, tus pensamientos se convierten en los objetivos que a hay en tu vida. ¡Tus pensamientos se materializan en objetos¡ Repite esto una y otra vez y deja que este pensamiento penetre en tu consciencia. ¡Tus pensamientos se materializan en objetos

Lo que la mayor parte de las personas no entienden es que un pensamiento tiene una frecuencia. Se puede medir un pensamiento. Por lo tanto, si piensas en algo repetidamente, si en tu mente imaginas que tienes un coche nuevo, que cuentas con el dinero que necesitas, que estas creando tu propia empresa, que encuentras a tu alma gemela...Si te estas imaginando cualquiera de esas cosas, estas emitiendo constantemente esa frecuencia.

El pensamiento o actitud mental predominante son el imán y la ley es que lo semejante atrae a lo semejante, por consiguiente, la actitud mental, atraerá invariablemente aquellas condiciones, que se correspondan a su naturaleza.
Los pensamientos, son magnéticos y tienen una frecuencia, Cuando piensa, esos pensamientos son enviados al Universo y atraen magneticamente todas las cosas semejantes que están en la misma frecuencia. Todo lo que se envía vuelve a su origen y ese origen eres TU.

Míralo de este modo: todos sabemos que una torre de transmisión de televisión emite sus señales a través de una frecuencia, que se transforma en imágenes en nuestro televisor. La mayoría de las personas no acabamos de entender como funciona, pero sabemos que cada canal tiene una frecuencia y cuando la sintonizamos vemos las imágenes. Elegimos la frecuencia seleccionando un canal y luego recibimos las imágenes que están siendo retransmitidas por el mismo. Si queremos ver otras imágenes, cambiamos de canal y sintonizamos con otra frecuencia.

Eres una torre de transmisión humana y eres mas potente que ninguna torre de transmisión que exista sobre la tierra. Eres la torre de transmisión mas potente del Universo. Lo que transmites crea tu vida y crea el planeta. La frecuencia que transmites atraviesa ciudades, países e incluso el planeta. Reverbera por todo el Universo. ¡ Y estas transmitiendo esa frecuencia con TUS PENSAMIENTOS.

Las imágenes que recibes de la transmisión de tus pensamientos no se proyectan en la pantalla del televisor de tu casa, ¡son las imágenes de tu vida¡ Tus pensamientos crean la frecuencia, atraen cosas semejantes a esa frecuencia y luego te las devuelven en forma de las imágenes de tu vida. Si quieres cambiar algo, cambia de canal y de frecuencia, cambiando de pensamientos.

Si piensas que vives en la abundancia, estas determinando consciente y poderosamente tu vida. Es así de fácil. Pero luego nos planteamos la pregunta mas evidente:"¿Por que no viven todas las personas la vida de sus sueños?

La única razón por la que las personas no obtienen lo que quieren es porque piensan mas en lo que no quieren que en lo que quieren. Escucha tus pensamientos y tus palabras. La ley es infalible y no comete errores.

La epidemia de "no quiero", es la peor de las que ha padecido la humanidad y lleva siglos causando estragos. La gente mantiene viva la enfermedad al pensar, hablar, actuar y enfocarse predominantemente en lo que "no quiere". Pero nuestra generación cambiara la historia, porque estamos recibiendo el conocimiento que puede liberarnos de esta epidemia. Empieza por ti y puedes llegar a ser un pionero de esta nueva forma de pensamiento, simplemente pensando y hablando de lo que quieres.

Los seres humanos funcionamos de manera similar a enormes antenas transmisoras enviando y recibiendo diversos mensajes a y del universo, de manera que dependiendo de la frecuencia en la que nos sintonicemos son el tipo de cosas que recibiremos.

La autora Rhonda Byrne asegura que el secreto funciona de manera muy similar a la famosa lámpara de Aladino. Tu solo debes pedir al Universo cualquier cosa que deseas y este te la concederá. Esta afirmación resulta bastante polémica ya que en apariencia el método es bastante simplista.
La transformación de los pensamientos en cosas tangibles es uno de los principales fundamentos de la Ley de Atracción

Somos  como una torre de transmisión, que transmite una frecuencia con tus pensamientos. Si deseas cambiar alguna cosa en tu vida, cambia esta frecuencia cambiando tus pensamientos.

Tus pensamientos actuales están creando tu futuro.

Los malentendidos, el miedo, la ira y el odio son las raíces del terrorismo. Los militares no pueden localizarlo. Ni las bombas y los misiles alcanzarlo, y menos aún destruirlo, ya que el terrorismo anida en el corazón de los seres humanos. Para erradicar el terrorismo hemos de empezar mirando en nuestro propio corazón.

En la meditación la práctica básica consiste en ser consciente a cada momento de la vida cotidiana. Cuando estas enojado, sabes que estás enojado. Cuando la energía de la atención plena ha surgido en ti a causa de tu práctica cotidiana, tienes la suficiente calma y visión como para reconocer, aceptar, observar las cosas profundamente y comprender tu sufrimiento.

El deseo es una clase de alimento que nos nutre y da energía. Si tienes un deseo saludable, como el de proteger la vida, el entorno o llevar una vida sencilla en la que tengas tiempo de ocuparte de ti y de los seres queridos, tu deseo te proporcionará felicidad. Pero si persigues el poder, el dinero, el sexo y la fama, pensando que te harán feliz, estás consumiendo una clase de alimento muy peligroso y te producirá mucho sufrimiento. Para ver que es cierto sólo has de mirar a tu alrededor.

 Si estás afligido por algún hecho externo, el dolor no es debido al hecho en sí mismo, sino a la evaluación que tu hagas del mismo. Y en esto, tu tienes el poder de revocarlo en cualquier momento". -Marco Aurelio -



Me lo enviaron por mail. No sé si tiene autor registrado.

Par de niños quisieron dejar su marca

Cuando el "Bullying" puede sacar lo mejor de uno mismo.
A escuchar con atención, a compartir y aprender.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Cuando surja una posibilidad de cambio, cambia.

Había un ciega sentada en la calle, con una taza y un pedazo de cartón, escrito con tinta negra, que decía: “Por favor ayúdeme, soy ciega.”



Un creativo de publicidad que pasaba frente a ella, se detuvo y observó unas pocas monedas en la taza. 


Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó un marcador negro que el llevaba y escribió otro anuncio. 


Volvió a poner el pedazo de cartón sobre los pies de la ciega y se fue. 


Por la tarde el creativo volvió a pasar frente la ciega que pedía limosna; su taza estaba llena de billetes y monedas. 


La ciega reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él, el que re escribió su cartel y sobre todo, qué había escrito.

El publicista le contestó: 


"Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras". 


Sonrió y siguió su camino. 


El nuevo mensaje decía: “Hoy es primavera y no puedo verla”


Si haces lo que siempre has hecho, obtendrás los resultados que siempre has obtenido. Cambiemos de estrategia cuando no nos sale algo, y puede que resulte mejor de esa manera. Cuando surja una posibilidad de cambio, cambia.

martes, 13 de mayo de 2014

El otoño de Freddy la hoja

Había pasado la primavera, y también el verano. Freddy, la hoja, había crecido. Su parte central era amplia y fuerte, y sus cinco extensiones eran firmes y puntiagudas.

Se había asomado por primera vez en la primavera; entonces era un pequeño brote de una rama bastante grande, cerca de la cima de un alto árbol.

Freddy estaba rodeado por cientos de hojas iguales a él, o así lo parecían. Pronto descubrió que ninguna hoja era igual a otra, aún cuando estuvieran en el mismo árbol. Alfred era la hoja que estaba a su lado. Ben era la hoja de su derecha y Clara era la hermosa hoja de arriba.

Todas habían crecido juntas. Habían aprendido a bailar en las brisas de la primavera, a calentarse bajo el sol del verano y a lavarse en las lluvias refrescantes. Pero el mejor amigo de Freddy era Daniel. Era la hoja más grande de la rama y daba la impresión de haber estado allí antes que todos los demás. A Freddy le parecía que Daniel era el más sabio.

Fue Daniel el que les contó que eran parte de un árbol, y les explicó que crecían en un parque público. Fue Daniel el que les dijo que el árbol tenía raíces fuertes que estaban ocultas en la tierra, allá abajo. Les habló de los pájaros que iban a posarse en esa rama y cantaban canciones matinales. Les habló del sol, la luna, las estrellas y las estaciones.

A Freddy le gustaba mucho ser una hoja. Le gustaba su rama, le gustaban las leves hojas que eran sus amigos, su lugar cerca del cielo, el viento que lo empujaba de aquí para allá, los rayos del sol que le daban calor, las nubes que los cubrían con grandes sombras blancas.

El verano había sido especialmente agradable. Los grandes días de calor eran placenteros, y las noches cálidas, apacibles y ensoñadoras.

Ese verano hubo mucha gente en el parque. Con frecuencia iban a sentarse bajo el sol de Freddy.

Daniel les dijo que el dar sombra era parte de su finalidad.

-¿Qué es una finalidad?-había preguntado Freddy.
-Una razón para existir- había respondido Daniel.
-Hacer las cosas más agradables para los otros es una razón para existir. Dar sombra a los ancianos que vienen para escapar del calor de sus casas; ofrecer un lugar fresco para que los niños vengan a jugar; abanicar con nuestras hojas a los que vienen a hacer picnic y comen sobre manteles a cuadros. Todas éstas son razones para existir.

A Freddy le gustaba en particular la gente mayor. Se sentaban tranquilos sobre el pasto fresco y casi nunca se movían. Conversaban en susurros de los tiempos idos. Los chicos también eran entretenidos, aunque a veces hacían agujeros en el tronco del árbol o tallaban sus nombres en él. Aún así, era divertido verlos moverse tan rápido y reírse tanto. Pero el verano de Freddy pasó pronto.

Se esfumó en una noche. Freddy nunca había tenido tanto frío. Todas las hojas tiritaban. Estaban cubiertas con una delgada capa de blanco que se derritió rápidamente y las dejó empapadas de rocío, resplandecientes bajo el sol de la mañana.

Otra vez fue Daniel el que les explicó que habían vivido su primera helada, la señal de que ya era otoño y pronto llegaría el invierno.

Casi enseguida, todo el árbol, en realidad todo el parque, se transformó en una llamarada de color. Apenas quedó alguna hoja verde. Alfred se había vuelto de un color amarillo profundo. Ben de un naranja brillante. Clara se había vuelto roja como una llama; Daniel, púrpura profundo, y Freddy estaba rojo y dorado y azul. Qué hermosos estaban todos. Freddy y sus amigos habían convertido el árbol en un arco iris.

-¿Por qué nos ponemos de diferentes colores- preguntó Freddy-, si estamos en el mismo árbol?
-Cada uno de nosotros es diferente del otro. Hemos tenido experiencias diferentes del otro. Hemos mirado al sol, y hemos dado sombra de maneras diferentes. ¿Por qué no habríamos de tener distintos colores?- dijo Daniel, realista. Daniel le dijo a Freddy que esa estación maravillosa se llamaba otoño.

Un día sucedió algo muy extraño.

Las mismas brisas que antes los habían hecho bailar, comenzaron a empujarlos y a tirar de sus tallos, casi como si estuvieran enojadas.

Esto fue la causa de que algunas de las hojas se quebraran y cayeran de sus ramas y fueran levantadas por el viento, sacudidas de un lado a otro, hasta posarse blandamente sobre el suelo.

Todas las hojas se asustaron.

-¿Qué esta sucediendo?- se preguntaban unas a otras en susurros.
-Lo que sucede en el otoño- les dijo Daniel-. Ha llegado el momento de que las hojas cambien de hogar. Algunas personas lo llaman morir.
-¿Todas nosotras moriremos?- preguntó Freddy.
-Sí- respondió Daniel-. "Todo muere, sea grande o pequeño, débil o fuerte. Primero cumplimos nuestra tarea. Sentimos el sol y la luna, el viento y la lluvia. Aprendemos a bailar y a reír. Luego morimos".

-¡Yo no voy a morir!- dijo Freddy con determinación-. ¿Tú vas a morir, Daniel?
-Sí- respondió Daniel-, cuando llegue mi hora.
-¿Cuándo será?- pregunto Freddy.
-Nadie lo sabe con certeza- respondió Daniel.

Freddy observó que las otras hojas continuaban cayendo, y pensó: - "Debe de haber llegado su hora”.

Vio que algunas de las hojas resistían a los golpes del viento antes de caer, y que otras simplemente se dejaban ir y caían mansamente.

Pronto el árbol quedó casi desnudo.

-Tengo miedo de morir- le dijo Freddy a Daniel; No sé qué es lo que hay allá abajo.
-Todos tememos a lo que no conocemos, Freddy. Es natural- lo tranquilizó Daniel-. Sin embargo, no tuviste miedo cuando la primavera se convirtió en verano. No tuviste miedo cuando el verano
se transformó en otoño. Eran cambios naturales. ¿Por qué tendrías que temer a la estación de la muerte?

-¿El árbol también muere?- preguntó Freddy.
-Algún día. Pero hay algo más fuerte que el árbol: la Vida, la vida es eterna, y todos somos parte de ella.
-¿A dónde iremos cuando muramos?
-Nadie lo sabe. ¡Ese es el gran misterio!
-¿Regresaremos en la primavera?
-Nosotros no, pero la vida sí.
-¿Entonces cuál ha sido la razón de todo esto?- siguió
preguntando Freddy-. ¿Por qué estamos aquí? ¿Sólo para caer y morir?

Daniel respondió a su manera objetiva: -¿Por qué? Por el sol y la luna; por los momentos felices que hemos pasado juntos; por la sombra y los ancianos y los niños; por los colores del otoño; por las estaciones. ¿No son razones suficientes?

Esa tarde, en la luz dorada del crepúsculo, Daniel se desprendió de la rama. Cayó sin esfuerzo. Y mientras caía parecía sonreír apaciblemente.

-Hasta pronto, Freddy dijo. Después, Freddy quedó solo. Era la única hoja que permanecía en su rama. La primera nieva cayó a la mañana siguiente. Era blanda, blanca y suave; pero era dolorosamente fría. Casi no hubo sol ese día, que fue muy corto. Freddy notó que perdía el color y se ponía quebradizo. No dejaba de hacer frío, y la nieve pesaba mucho sobre él. Al amanecer llegó el viento que separó a Freddy de su rama. No le abajo.

Al caer, vio el árbol entero por primera vez. ¡Qué fuerte y firme era! Estaba seguro de que viviría mucho tiempo, y el saber que había sido parte de esa vida lo llenó de orgullo.
Freddy fue a parar sobre un montículo de nieve. Era bastante blanda, y hasta cálida. En esta nueva posición, Freddy estaba más cómodo que nunca. Cerró los ojos y se quedó dormido. No sabía que después del invierno llegaría la primavera y la nieve se derretiría y se transformaría en agua. No sabía que su ser aparentemente seco e inútil, se uniría al agua y serviría para que el árbol se hiciera más fuerte. Y, sobre todo, no sabía que allí, dormidos en el árbol y en la tierra, ya había proyectos de nuevas hojas que nacerían en la primavera.
 Leo Buscaglia

El coleccionista de insultos

Cerca de Tokio vivía un viejo gran Samuray, muy sabio y maestro de budismo, con fama de ser invencible en peleas.

Cierto día un gran guerrero lo retó a un duelo. Este nunca había perdido una batalla tampoco, por eso todos lo conocían como altivo, altanero, prepotente, fanfarrón y además también se creía ser el dueño de todas las verdades.

Este joven guerrero era famoso por su falta de escrúpulos, tosquedad, egolatría y por usar la técnica de la provocación: esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y gracias a su inteligencia especialmente dedicada para captar los errores ajenos, se valía de estos para atacar implacablemente hasta ver a su víctima arrastrada y humillada pidiéndole perdón.

El samuray aceptó el duelo. Fueron todos a la plaza donde el joven empezó a provocar al sabio.

Le arrojó piedras, le escupió la cara y le gritó todos los insultos conocidos habidos y por haber, ofendiendo incluso a los ancestros del sabio.

Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el sabio permaneció impasible.
Al final de la tarde el joven guerrero ya exhausto de no poder provocarlo, se retiró de la plaza arrastrándose del cansancio, con una gran impotencia.

Se sentía más débil y miserable que nunca, había desperdiciado toda su energía vital en su inútil intento de humillar al sabio.

Los alumnos del sabio samuray, decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, le preguntaron:

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignación?
-¿Porqué no usó su espada para defenderse de los ataques?
- ¿Por qué se mostró como un cobarde ante nosotros?

El viejo samuray repuso:
-Si alguien viene a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿A quién pertenece el regalo?

-Por supuesto, a quien intentó regalarlo- respondieron sus discípulos.
-Pues lo mismo vale para los insultos, las ofensas, la falta de tacto y de respeto, así como con los comentarios injustos. Cuando no son aceptados, esos malos sentimientos continúan perteneciendo a quien los emite.

Toda esa energía vital empleada con la intención de ofender o dañar, se queda depositada en el agresor, actuando en ella en la misma forma que actúa el veneno que se toma la persona que quiere poner fin a su vida.

Sin darse cuenta se está matando a sí misma, ha desperdiciado su energía en su inútil intento ofensivo que se le revierte. Si no se muere con su propio veneno, por lo emnos se le afectará su salud, sobre todo su paz y su mente.

Ninguna persona que pretenda agredirnos nos hará sentir mal, si no se lo permitimos. Es cada persona quien decide como sentirse ante lo que ve o escucha.

Paulo Coelho

sábado, 10 de mayo de 2014

Las hojas no caen, se sueltan
Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.
Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae”
sino que llegado el escenario del otoño inicia la danza maravillosa del soltarse. 
Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.
Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad
y profundo de sabiduría:
la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire
sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento
y en actitud de renovación.
La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella
es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.
La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento
traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente
para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.
Cada hoja al aire que me está susurrando al oído del alma
¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!.
Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente
a la brisa de su propia entrega y libertad.
Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento de creatividad
ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.
Reconozco y confieso públicamente,
ante este público de hojas moviéndose al compás del aire de la mañana,
que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas.
Tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote.
¡Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes,
con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados,
con este entorno ya conocido…
Quiero, en este tiempo, sumarme a esa sabiduría, generosidad y belleza de las hojas
que “se dejan caer”.
Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe,
confianza, esplendidez y donación.
Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia consciencia y libertad,
el desprenderse de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso.
Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio,
tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso
y caerán al suelo por el peso de su propio dolor.
José María Toro, extraído del libro "La Sabiduría de Vivir"
Cuando el silencio es tan claro que se escucha en cada rincón,
cuando el vacío es tan profundo que pesa toneladas.
Cuando las lagrimas son los gritos que el alma calla.
Cuando la nada parece un todo imposible de tolerar
y la luz se empieza a extinguir entre tanta adversidad
abrí la ventana para que poco a poco comiencen a entrar
un rayo de luz renovado,
el sonido de la vida
el aire, la alegría
y quien sabe, entremezclada
tal vez también se abra paso la felicidad.

Me acordé de ti


Jorge Luis Borges. Fragmentos de un evangelio apócrifo

3. Desdichado el pobre de espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.
4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.
5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.
6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.
7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.
8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a sí mismo.
9. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.
10. Bienaventurados los que no tiene hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.
11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha está en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.
12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.
13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.
14. Nadie es la sal de la tierra; nadie, en algún momento de su vida, no lo es.
15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.
16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.
17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que él cree justa, no tiene culpa.
18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.
19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.
24. No exageres el culto de la verdad: no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.
25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.
26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.
27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón.
28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.
29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.
30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y éste, de la tristeza y del tedio.
31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.
32. Dios es más generoso que los hombres y los medirá con otra medida.
33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.
34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar.
39. La puerta es la que elige, no el hombre.
40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.
41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena…
47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.
48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.
49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices.
http://samiraelojodehorus.blogspot.com/2011/02/fragmentos-de-una-evangelio-apocrifo.html

David Bowie. La felicidad perfecta: "Leer"

-¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
-Leer.
-¿Cuál es su rasgo más característico?
-Siempre me las arreglo para meter baza.
-¿Cuál considera que es su gran logro?
-Descubrir la mañana.
-¿Cuál es su gran miedo?
-Convertir kilómetros en millas.
-¿Con qué personaje histórico se siente más identificado?
-Papá Noel.
-¿Quién es la persona viva a la que más admira?
-Elvis.
-¿Quiénes son sus héroes en la vida real?
-El consumidor.
-¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de sí mismo?
-Cuando estoy en Nueva York, la tolerancia. Cuando estoy fuera de Nueva York, la intolerancia.
-¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de los demás?
-El talento.
-¿Cuál es su viaje favorito?
-La carretera que lleva al exceso artístico.
-¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?
-La compasión y la originalidad.
-¿De qué palabras o frases abusa?
-"Ctónico", "miasma".
-¿Cuál es su gran pesar?
-Nunca llevé pantalones de campana.
-¿Cuál es su estado de ánimo actual?
-Preñado.
-Si pudiera cambiar una única cosa de su familia, ¿qué elegiría?
-El miedo que les tengo (excluyendo a mi mujer y mi hijo).
-¿Cuál es su bien más preciado?
Una fotografía pegada con celofán de Little Richard que compré en 1958, y un crisantemo prensado y secado que recogí durante mi luna de miel en Kioto.
-¿Cuál es para usted la máxima expresión de la miseria?
-Vivir con miedo.
-¿Dónde le gustaría vivir?
-En el noreste de Bali o en el sur de Java.
-¿Cuál es su pasatiempo favorito?
-Arrojar sin sentido pintura sobre un lienzo.
-¿Qué es lo que más le gusta en un hombre?
-Que devuelva los libros.
-¿Qué es lo que más le gusta en una mujer?
-Que pueden eructar cuando quieren.
-¿Cuáles son sus nombres favoritos?
-Sears & Roebuck.
-¿Cuál es su lema?
-"Cuál" es mi lema.

Un viaje infernal sin ninguna ascensión esperanzadora

Entre el ensayo y la ficción, en Cero Cero Cero Saviano trabaja con las herramientas de la investigación periodística y las técnicas de la narrativa para llegar a la conclusión de que lo que mueve al mundo es la cocaína
Por   | Para LA NACION

ncluido su viaje por el Infierno e iniciado el periplo purgatorial, Dante le pregunta a Virgilio qué es aquello que mueve el mundo. El maestro y guía le responde: el amor, que puede ser justo o puede ser desviado pero, a fin de cuentas, es siempre amor. En Cero Cero Cero, el nuevo libro de Roberto Saviano, se nos propone otra vez un viaje infernal, aunque sin ninguna ascensión esperanzadora. Y si bien la pregunta que aparece suspendida es la misma, la respuesta categórica es otra: aquello que mueve el mundo es la cocaína.
Basta pasearse por todos los sinónimos que nombran lo innombrable para entender el poder que la coca ejerce en nuestras sociedades: Aspirina, Bomba, Charly, Carrie, Dinamita, Diosa, Diablo, Alas de ángel, Polvo de oro, Soplo, Sueño, California, Nieve, Blanca, Perica, Falopa, Tierra, Bebé, Novia son algunos de sus casi infinitos apodos. "Ella consume sus nombres como consume a sus amantes", concluye Saviano en su alucinada poesía dedicada a esta droga.
Cero Cero Cero es una investigación periodística que recurre a menudo a las técnicas de la narración para desactivar la idea de un estudio socioeconómico acerca de la droga. Saviano se mueve con extrema habilidad entre el ensayo y la ficción para capturar la atención de sus lectores y guiarlos en el complejo mundo de la producción, distribución y consumo de la cocaína.
Primero, están los mitos. Después, la historia. El mito es fundacional y, como en todo mito, las fechas son vagas; los lugares, imprecisos. Saviano nos cuenta que en Nueva York, un viejo capo de la mafia reunió en un lujoso hotel del centro a un grupo de chicanos, italianos, ítalo-estadounidenses, albaneses y legionarios guatemaltecos. Allí, en un inglés masticado con dialecto siciliano, impartió las leyes del juego o lo que el escritor llama, sin tapujos, "la filosofía moral mafiosa, es decir, un adiestramiento del alma". El principio fundamental era uno solo: coca significa que "all you can see, you can have it". Pero, atención. En esa reunión fundacional tuvo lugar un pacto internacional entre las mafias italianas y el narcotráfico latinoamericano, y éste fue establecido según códigos férreos de comportamiento que garantizan impunemente ferocidad, bestialidad, venganza, muerte, todo según un diseño matemático bien preciso.
Después se narran las historias: los primeros circuitos del narcotráfico en Colombia, la supremacía del mundo mexicano, la división en carteles y territorios, la cuestión de las fronteras con los Estados Unidos, el predominio de la 'Ndrangheta calabresa sobre la mafia siciliana y la camorra napolitana, la comunión entre política, economía y narcotráfico, las intrincadas redes entre mafias occidentales, rusas y chinas. En ese panorama desolador, que ha producido en los últimos años más muertes que los últimos conflictos armados, aparece débilmente la heroica lucha de pocos hombres, fieles a una utopía del mundo sin droga o de un mundo que se anime definitivamente a su legalización.
Para muchos, el libro puede ser discutible. Las fuentes no responden a la lógica de la investigación científica. Saviano compone su mosaico a partir de los testimonios de arrepentidos, condenados, policías y adictos, a los que suma la lectura de miles de páginas de expedientes de procesos judiciales en Italia. Falta una clarificación en el uso de las estadísticas y de las conexiones sugeridas por el escritor entre un caso y otro. Pero emerge clara su capacidad de ver más allá de los hechos. Saviano lee el fenómeno en su conjunto, halla la clave de comprensión que abre todas las puertas. La suya es la visión de un cosmos cuyo principio regulador es la coca. El mundo, tal cual lo describe, aparece opaco, siniestro y temible. Todo aquello que considerábamos bello se vuelve corrupto o corrompible. "El mapa del mundo se construye sobre el carburante. El carburante de los motores es el petróleo, el de los cuerpos es la coca."
Hay otros dos datos muy interesantes en su libro. El primero está en las páginas iniciales, cuando habla de la memoria del cuerpo, más que de la psique: "A menudo me doy cuenta de que recuerdo con el estómago, que almacena lo bello y lo horrendo". Y agrega que todo lo que está por narrar nace de la sensación de que el cuerpo ha almacenado demasiada información espantosa, demasiada basura humana, demasiado desecho. El cuerpo del escritor que vomita es la imagen que se transparenta en el libro: devolver lo indigesto, lo que envenena.
El segundo dato tiene que ver con una autointerrogación a mitad del volumen: Saviano se pregunta por qué escribe sobre estas cosas. Y se responde: "La palabra te da una fuerza muy superior a la que pueden tener tu cuerpo y tu vida. Pero la verdad, obviamente mi verdad, es que hay un solo motivo por el que decides entrar en estas historias de horror y traficantes, de empresariado criminal y atentados. Rehuir toda consolación. Decretar la inexistencia absoluta de un bálsamo para la vida. Saber que aquello que sabrás no te hará sentir mejor".
Lo cierto es que el escritor italiano, nacido en Nápoles en 1971 y que vive bajo escolta desde que en 2006 publicó Gomorra, no exige a sus lectores el mismo destino. En la conclusión de su ensayo confiesa: "Escribir esto es como romper una cadena. Las palabras son tejido conectivo. Sólo quien conoce estas historias puede defenderse de ellas"..

Murió Miguel Brascó

Escritor, poeta, periodista, dibujante y experto en vinos, falleció hoy a los 88 años
El  escritor, abogado y crítico gastronómico  Miguel Brascó falleció a los 88 años en Capital Federal en las últimas horas, según confirmaron sus allegados en diálogo con los medios de comunicación social y las redes sociales.
Brascó, de fuerte personalidad y fino sentido del humor, había nacido el 14 de septiembre de 1926 en la ciudad de Puerto San Julián, en la provincia de Santa Cruz. Según contó en entrevistas, tuvo "una infancia plena y muy fascinante".


El crítico, que solía llevar moño en su indumentaria y cuestionaba el "macaneo" sobre los paladares del vino, murió de un paro cardiorrespiratorio en su casa.


UN EJEMPLO DEL BON VIVANT

El sommelier Fabricio Portelli recordó hoy, en diálogo con el canal de noticias TN, que "Brascó es elejemplo del bon vivant. Vivía almorzando y cenando afuera y cuando estaba en su casa cocinaba".
"Siempre que descorchaban un vino pensaba cuál era la intención del vino. Preguntaba por qué se cobraba a tal precio. Era un defensor de la gente, decía que cada uno era un experto", añadió.
Años atrás, en una entrevista con el diario La Nación, donde también escribía sus columnas recordó que cuando chico, sus hermanos mayores vivía en Buenos Aires con su madre y como su padre era médico estaba siempre de viaje por lo cual "tenía una vida muy libre y muy segura. No pasaba nada. Era una versión exacta de la Argentina".
Incluso se reconoció como "escritor desde muy chico. Me recuerdo siempre sentado en un lugar escribiendo".
Brascó, quien integró el club Epicuro junto al cocinero Gato Dumas y el bodeguero José Federico López, se graduó de abogado en Santa Fe y trabajó como publicista en Perú.
"Mi generación fue rescatada por Borges de la prosopopeya del lenguaje acartonado de Enrique Larreta y los escritores de esa época. Obviamente, Argentina tiene muchos antecedentes de literatura casi conversada", rememoraba y destacó que "hay una tradición en la Argentina de escribir como se habla, que fue lo que impuso primero Macedonio Fernández y después Borges".


jueves, 1 de mayo de 2014

Tango Flamenco (ARMIK)

The original Roxanne's Tango



Así como todos los chicos tienen derecho a jugar y a ir a la escuela, los adultos tienen derechos, entre otras cosas, a trabajar. El derecho al trabajo es un derecho muy importante para que las personas puedan crecer, formar familias y ayudar al crecimiento de un país.
Asimismo, las personas tienen derecho a condiciones dignas y saludables de trabajo, a recibir una retribución justa, a no excederse en el tiempo de trabajo, etc. Por eso a lo largo de la historia, muchas personas lucharon para asegurarse que se respeten estos derechos y garantizar que cada vez se trabaje en mejores condiciones.
En mayo de 1886, miles de personas se manifestaron en una gran huelga que tuvo como sede principal la ciudad de Chicago, Estados Unidos. Uno de los logros más importantes de esa huelga es la “jornada de ocho horas”, que es lo que permite a todos los adultos pasar más tiempo con su familia y descansar mejor.
Por eso, el 1º de mayo se conmemora en casi todo el mundo el Día Internacional del Trabajo en homenaje a todos los trabajadores que perdieron su vida en esa lucha.En este día tan especial reconocemos la importancia del trabajo en nuestra sociedad y homenajeamos a todos los trabajadores del mundo.